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Consumo de carne en adultos, obesidad y enfermedad cardiovascular

Como resultado de las buenas prácticas de cría y alimentación animal, se ha conseguido disminuir muy significativamente el porcentaje de acumulación de grasa, (principalmente grasas saturadas) en la carne. Esta disminución en grasas junto con sus elevados niveles de macro y micronutrientes permite la inclusión de carnes incluso en situaciones tan sensibles a las grasas como son el control del peso corporal y la protección del sistema cardiovascular.

Respecto a la obesidad, se ha indicado que la combinación de actividad física y aumento de la ingesta de proteínas de alta calidad es una estrategia eficaz para mejorar la pérdida de grasa y los perfiles metabólicos en sujetos obesos. Recientemente, se publicó un estudio en el que incluyeron mujeres obesas en un programa de 16 semanas de pérdida de peso y fueron asignadas a varias intensidades de ejercicio y niveles de ingesta de proteínas 35. Los autores encontraron que los sujetos en el grupo de alto consumo proteico perdieron 3 kg de grasa corporal sin pérdida de masa corporal magra, mientras que los sujetos en el grupo de bajo consumo proteico perdieron tanto grasa como músculo esquelético. En esta misma línea, se ha sugerido que el aumento de proteína dietética de alto valor biológico, incrementa los niveles circulantes de arginina, lo que a su vez aumenta la sensibilidad a la insulina, estimula la oxidación de los ácidos grasos y la glucosa en el músculo esquelético, promoviendo gasto energético en el organismo y reduciendo la cantidad de grasa de depósito en obesos.

Efectos sobre la salud vascular. 

Un estudio realizado en Francia reveló una significativa asociación entre el consumo moderado de carne magra que suponía el 69% del aporte recomendado de proteínas diarias (Health and Welfare Canada) y una disminución de los niveles plasmáticos del colesterol total

Interesantemente, se ha encontrado una relación inversa entre los niveles de ácido graso poliinsaturado (principalmente en la carne) y el riesgo aterosclerótico y de eventos coronarios agudos en hombres de mediana edad 41. Además de lo anterior, la carne es una fuente muy importante de ácido linoleico, que es considerado un modulador fundamental en la función inmunológica en humanos.

Consulta el documento en: Documento “La carne y la salud en adultos”, Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN) https://www.carneysalud.com/uploads/articulos/GUIA_CARNE_Y_SALUD.pdf 

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