Un mundo sin carne – Consejo Mexicano de la Carne
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Un mundo sin carne

Autor Invitado: David Barreiro
Adaptación: Hugo Valadez

En los últimos años, son muchos los que insinúan o imaginan un mundo sin carne. Un mundo en el que las opciones veggies se han impuesto de manera definitiva en el planeta. En esta ocasión vamos se describirá de qué nos perdemos si la carne no formara, ni hubiera formado, parte de la vida del ser humano, todo lo que se habría cambiado, lo que no sabríamos y lo que nunca se hubiera llegado a conocer.

LA CARNE, ESENCIAL EN LA EVOLUCIÓN HUMANA

Sabemos que los antepasados humanos que vagaban por la sabana africana hace unos 2 millones de años empezaron a incluir carne en su dieta para compensar el grave declive de la calidad de los alimentos vegetales. Fue esta nueva dieta cárnica, repleta de nutrientes densos, la que sirvió de catalizador para la evolución humana, “en particular para el crecimiento del cerebro”, como afirma Katharine Milton, profesora de la Universidad de Berkeley, en California.

Según Milton, sin carne es poco probable que los protohumanos hubieran podido obtener suficiente energía y nutrientes de las plantas disponibles en su entorno africano en aquella época para evolucionar hasta convertirse en las criaturas activas, sociables e inteligentes que llegaron a ser.

En muchas partes del mundo donde las personas tienen poco acceso a la carne, se han registrado casos severos de riesgo de desnutrición. Ocurrió, por ejemplo, en el sudeste asiático, donde la gente de pendía en gran medida de un único alimento vegetal, el arroz, y desarrolló la enfermedad nutricional del beriberi con especial incidencia a finales del siglo XIX y comienzos del XX. O en el sur de Estados Unidos donde muchas personas dependientes en gran medida de la harina de maíz desarrollaron la enfermedad nutricional pelagra.

Dado que los alimentos vegetales disponibles en el entorno humano primitivo, seco y deforestado, eran menos nutritivos, la carne era también fundamental para los lactantes destetados, ya que no podían procesar suficiente material vegetal voluminoso para obtener tanto nutrientes para el crecimiento como energía para el desarrollo cerebral.

El trabajo de Milton demuestra que el sistema digestivo humano es fundamentalmente el de un primate que come plantas, salvo que los humanos han desarrollado un intestino delgado más alargado en lugar de conservar el enorme colon de los simios, un cambio que indica una dieta de nutrientes más concentrados.

LA CARNE NOS HIZO… ¡GUAPOS!

Una investigación de la Universidad de Harvard sugería que el consumo de carne y el desarrollo de herramientas, y no la capacidad de cocinar, fueron las razones que desencadenaron que los primeros humanos desarrollaran mandíbulas más pequeñas y por ende un significativo cambio en su rostro. Esto habría permitido, además, el mejoramiento de la capacidad de hablar y cambios en el tamaño del cerebro.

“Si pasaras un tiempo con los chimpancés te da rías cuenta que ellos pasan la mitad del día masticando”, afirma Lieberman. “Pero en algún punto de la evolución humana se produjo un cambio, comenzamos a comer menos. Y solo fue posible por dos factores: alimentos con mayor contenido de energía, pero también que eran más difíciles de digerir”, añade. En su artículo, Lieberman y Zink argumentan que: “Siempre dedujimos que el consumo de la carne estuvo conectado con el proceso mecánico que hizo posible cortar la carne en pedazos”. “La carne requiere menor esfuerzo para ser masticada que otro tipo de plantas y semillas de las que se alimentaban los primeros humanos, pero su incapacidad de los molares para masticar la carne cruda podría ser una de las razones por las que no se consumía hasta que no se inventaron las primeras herramientas de piedra, hace 3 millones de años”, concluye el estudio.

UN MUNDO SALVAJE

En los últimos años, se ha hablado y escrito mucho del enorme impacto medioambiental que la industria cárnica tiene en el planeta. Sabemos que el sector ha de hacer un esfuerzo para minimizarlo, pero también que no es responsable del “fin del mundo” tal y como en ocasiones se plantea.

Se estima que la población mundial alcanzará los 9.800 millones de personas para el año 2050. Alimentar a esta cantidad de personas planteará enormes desafíos. Resulta difícil imaginar que el mundo del futuro pueda existir sin carne. La carne es más rica en nutrientes por porción que las opciones vegetarianas, y los animales rumiantes crecen en gran medida con alimentos que no son adecuados para los seres humanos.

La cría de ganado también ofrece ingresos muy necesarios para los pequeños ganaderos de países en desarrollo. En todo el mundo, el ganado proporciona un medio de vida a mil millones de personas.

Tanto la ganadería como la industria cárnica y el consumo de carne nos hicieron, pues, ricos, prósperos y sedentarios. Esto quiere decir que gracias, entre otras cuestiones, a la carne, el ser humano se agrupó en ciudades, se asentó en territorios, creó familias, vivió en comunidad, estableció países, regiones, ciudades, pueblos, instauró leyes, desarrolló tecnología, en definitiva, progresó.

LA CARNE, ESENCIAL PARA LA SALUD

En un número especial de Animal Frontiers se pidió a decenas de expertos que analizaran la ciencia que hay detrás de las afirmaciones de que comer carne provoca enfermedades y es perjudicial para el planeta. La premisa era que es difícil sustituir el contenido nutricional de la carne, argumentando que las comunidades más pobres con bajo consumo de carne sufren a menudo retraso del crecimiento, delgadez extrema y anemia por falta de nutrientes vitales y proteínas.

Los investigadores sostenían que la carne proporciona la mayor parte de la ingesta de vitamina B12 en las dietas humanas, desempeña un papel importante en el suministro de retinol, ácidos grasos omega-3 y minerales como el hierro y el zinc, así como compuestos importantes para el metabolismo, como la taurina y la creatina.

La Dra. Alice Stanton, del Real Colegio de Cirujanos de Irlanda, afirma que “la evidencia nos dice que eliminar la carne fresca y los lácteos de las dietas perjudicaría la salud humana. Las mujeres, los niños, los ancianos y las personas con bajos ingresos se verían especialmente perjudicados”.

Un grupo de investigadores se unieron en la denominada Declaración de Científicos de Dublín para advertir de que la ciencia que subyace a estas afirmaciones que “condenan” a la carne es fatalmente errónea y afirma que el empuje social hacia las dietas sin carne y veganas es perjudicial para la salud humana.

La declaración, firmada por casi 1.000 científicos, va acompañada de nueve trabajos de investigación sobre el papel de la carne en el bienestar de la sociedad y la salud humana. Desmienten las investigaciones contra la carne.

“Lamentablemente, el debate científico sobre las posibles asociaciones entre la carne y las enfermedades no transmisibles a menudo ya no es una evaluación transparente de las pruebas, sino que se ve afectado por las agendas, incluidos los intereses creados y las ideologías”, escribieron los autores.

En la Declaración de Dublín, los científicos escriben que “los más altos estándares de evidencia bioevolutiva, antropológica, fisiológica y epidemiológica subrayan que el consumo regular de carne, lácteos y huevos, como parte de una dieta bien equilibrada, es ventajoso para los seres humanos”. En muchos países de ingresos bajos y medios, especialmente en el África subsahariana y el sur de Asia, la ingesta de carne es muy baja y la desnutrición es elevada.

Incluso en los países de ingresos altos, una reducción de la carne con respecto a los niveles actuales de ingesta, debe considerarse junto con su impacto en el estado nutricional. Determinadas fases de la vida requieren alimentos ricos en nutrientes y biodisponibles para satisfacer las necesidades.

Los cambios en las dietas de los países de ingresos altos, que tienden a asociarse con una disminución de la ingesta de carne roja, son paralelos al aumento de la deficiencia de hierro, tal y como recogen los estudios. Para las mujeres en edad reproductiva, las necesidades de hierro pueden ser difíciles de satisfacer con cualquier dieta, pero la restricción de carne de rumiantes -entre las fuentes más densas de hierro biodisponible- complica el problema en ausencia de esfuerzos cuidadosos para consumir alimentos fortificados con hierro o suplementos. La carencia de hierro también puede disminuir el rendimiento cognitivo de las mujeres, lo que podría afectar al desarrollo saludable de su descendencia. Una baja ingesta de zinc por parte de la madre durante el embarazo y la lactancia se asocia con una menor atención y una disminución de la función motora en los recién nacidos, mientras que la administración de suplementos de zinc en los lactantes puede conducir a un aumento de la actividad y la funcionalidad.

Los niños pequeños tienen unas necesidades elevadas de hierro y otros nutrientes, y su desarrollo puede verse afectado con una ingesta reducida de carne. Los adultos mayores corren el riesgo de sufrir deterioro de la función cognitiva, demencia, mala salud ósea, fragilidad y sarcopenia, entre otros efectos del envejecimiento que pueden verse afectados negativamente por una ingesta reducida de alimentos de origen animal. Se ha demostrado que la carne roja, en particular, mejora funciones esenciales como la salud muscular y, por tanto, protege contra la sarcopenia.

Descarga el artículo completo en: Eurocarne – Un mundo sin carne

Fuente:

Barreiro, D. (2024). Un mundo sin carne. Eurocarne, No. 323, 12 – 22.

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